lunes, 19 de marzo de 2018

REAL OVIEDO-GRANADA CF. Crónica.

Al Oviedo de Anquela se le presentaba una complicada jornada con la visita del Granada, un equipo con nombres y mimbres, construido sin disimulo para ascender. Por si la visita de los nazaríes no fuera suficiente, los azules se encontraban inmersos en una larga racha negativa de cinco partidos sumando tan sólo dos puntos y con el hándicap de no poder contar con ninguno de los tres delanteros específicos de la primera plantilla para este partido. El entrenador oviedista se mostró conservador en la alineación inicial con la apuesta por Cotugno en el lateral derecho y la conversión de Aarón en la referencia arriba en detrimento de los canteranos Steven y Viti que parecían opciones más naturales. La inclusión de Mariga en el doble pivote fue la sorpresa que guardaba el once azul de inicio, buscando sin duda la reacción de un equipo al que en las últimas jornadas había faltado fútbol en el centro del campo.

El inicio de encuentro fue un reflejo de las dificultades de las últimas semanas: los granadinos, muy valientes en su planteamiento, dominaban con solvencia el juego y rondaban la meta de Herrero. Los andaluzces presentaban muchos jugadores por delante del balón, la defensa muy adelantada y Machís mostrando peligro a cada intervención por su banda. El Oviedo parecía condenado a defenderse y a buscar en alguna contra suelta o en un balón parado sus opciones ante un rival superior. El Oviedo echaba de menos una referencia clara arriba y sus únicas opciones llegaron con un par de centros laterales que no encontraron complemento en el área. El equipo franjirrojo avisó con un buen chut de Joselu al larguero. En el minuto 39, llegó el primer gol del encuentro tras una nueva internada de Machís que pusó el balón al área donde, tras una serie de malos rechaces azules, Kunde controlaba magistralmente y enviaba un pelotazo duro y ajustado a la base del poste derecho de un Herrero que nada pudo hacer. Los peores presagios se cumplìan: los azules se ponían por detrás en el marcador en un encuentro en el que estaban siendo superados por su rival y en el que las circunstancias no invitaban al optimismo. Sin embargo, este conjunto de Anquela tiene algo que se llama corazón y que en ocasiones sirve para suplir otras carencias. En el penúltimo minuto de la primera parte, en un córner, se aliaron la fe de Carlos Hernández y la falta de pericia de Varas para subir el primer gol carbayón al tanteador. Chico Flores envió un balón con destino al córner y el portero visitante trató de evitarlo, pero lo que hizo fue dejar el balón a los pies del decisivo defensor azul. El beneficiado en la porfia fue Forlín que marcó a puerta vacía. El intermedio se presentaba con tablas en el marcador: un premio quizás a la brega de los de Anquela.

En la segunda parte, el encuentro fue más parejo con aproximaciones por parte y parte, aunque sin llegar a concretar auténticas opciones de peligro. A los 64 minutos, los locales movieron el banquillo buscando la pieza que les ofreciera lo que les faltaba: presencia en el área. Steven sustituía a Fabrinni y en su primera intervención el canterano -tras buena jugada de Berjón y Mossa- demostró el sentido de un delantero nato: remató de primeras y siguió la jugada para remachar a gol tras el rebote de Varas. A partir de ese momento, los azules se atrincheraron atrás ante un Granada que acusó la remontada y que no terminó de crear inquietud en la parroquía local. El Oviedo intentaba contraatacar, pero sin mucho tino y lo confiaba todo a su oficio y la desesperación de los rivales con el paso de los minutos. En el 85 entraba Viti para sellar a Machís, quien poco después se autoexpulsaba por una agresión sin sentido al canterano. Así, con incertidumbre por el marcador, pero sin apuros reales se llegaba al final de un encuentro que ha de servir para volver a instalar la confianza en el equipo ahora que llegan los momentos cruciales de la temporada.

Herrero. Bien. Los granadinos apenas le pusieron a prueba y en el gol no pudo hacer nada. Debe mejorar su juego con los pies.

Cotugno. Notable. Cumplió con su difícil misión: controlar a Machís, cosa que consiguió casi todo el tiempo. En la primera parte se sumó un par de veces con peligro al ataque.

Carlos Hernández. Imperial. Un valladar en defensa, ayudando a Cotugno con Machís y consiguiendo propiciar en la otra porteria el decisivo gol del empate azul. Hoy por hoy, imprescindible.

Forlín. Consistente. El argentino, tras unas jornadas de titubeos, va recuperando su juego y su posición. Expeditivo y  preciso en el corte, estuvo oportunista para marcar el empate. Es clave.

Christian. Peligroso. Su juego quedó oscurecido por dos lamentables acciones antideportivas que hubiesen merecido la expulsión. Es una bomba de relojería y cada vez va a estar más en el radar de los colegiados. Debería enmendarse o reposar en el banquillo.

Mossa. Bien. No sufrió en exceso por su banda y se incorporó menos de lo habitual. En el gol granadino su despeje defectuoso propicio la acción de Kunde. En una internada suya en el área llegó el gol de la victoria.

Folch. Bein. Cubrió mucho campo y jugó sin complicaciones. Cuando el balón llega a sus botas el criterio está asegurado.

Mariga. Notable. El africano ofreció una buena versión: presionando siempre, cortando y jugando con soltura. La inactividad no pareció hacer mella en él. Merece más oportunidades.

Aarón. Luchador. Se esforzó lo que pudo en una posición que no es la suya. Aunque cambio su posición con Berjón y Fabrinni no llegó nunca a ser el jugador que conocemos.

Fabrinni. Detalles. Dejó muestras interesantes, pero ni el partido ni el terreno de juego eran los ideales para su juego. Aún así ofrece siempre cosas diferentes.

Berjón. Necesario. Botó varias faltas con peligro y colaboró con Mossa en la génesis del gol definitivo. Se esforzó en defensa como pocas veces. Mientras está en el campo hay esperanza.

Steven. Delantero. Con su salida el Oviedo tenía un delantero por fin en el campo. Y ejerció: rematando y yendo a buscar el rechace. Luego luchó con ganas. Debut soñado.

Viti. Veloz. Salió para taponar a Machís y el venezolano terminó expulsado. En un par de carreras se pudo apreciar su velocidad. Pide minutos.

Varela. Sin tiempo.


Tras el partido, todos los aficionados recordaban el partido ante el Lugo de la primera vuelta. Un visitante que se muestra superior y que se adelanta en el marcador, pero que acaba cayendo en base a la fe y el esfuerzo colectivo azul. Eso ocurrió ayer. El Granada pareció un buen equipo, con un buen trato de balón y con ambición para irse arriba. Sin embargo, los azules con más corazón y empuje igualaron la partida y acabaron llevándose el partido en unas circunstancias complicadas: sin jugar bien, con todos los delanteros de la primera plantilla ausentes y estando por detrás en el tanteador. Otro momento clave de la temporada que se supera con nota y que permite mirar lo que queda de campeonato con optimismo. Con este equipo, todo es posible todavía.