domingo, 25 de marzo de 2018

CÓRDOBA CF-REAL OVIEDO. Crónica.

El partido se inició con un buen Oviedo, aunque sin llegar a crear peligro. Poco a poco se fueron igualando las fuerzas, pero el partido seguía adoleciendo de verdaderas ocasiones. En seguida, Forlín y Mossa se cargaron con tarjetas. El juego no tenía dueño. La lucha cuerpo a cuerpo en el centro del campo era todo lo que ofrecía el encuentro. Hasta que apareció Berjón, que siempre da algo, y puso un estupendo balón en profundidad a Mossa quien apuró la línea de gol, centró atrás para que tras un despeje erróneo de Fernández Fabbrini marcase su primer gol como oviedista. Cinco minutos más tarde, Reyes puso el balón en la escuadra azul, pero Herrero con una buena mano evitó el empate cordobesista. Sin más sobresaltos que un remate demasiado inocente de Christian Fernández, se llegaba al descanso. Antes Toché recibía una tarjeta incompresible en un duelo por alto.

La segunda parte transcurrió por los mismos derroteros: un Oviedo quizá en exceso reservón. El Córdoba apenas inquieta a Herrero, pero los asturianos tampoco aprovechaban el desconcierto local para finiquitar el encuentro. En el minuto 78, tras otra buena internada de Mossa, Linares tuvo en sus botas el segundo, pero tras su buen control del aragonés su disparo se fue muy desviado. Pudo haber sido la puntilla. El Oviedo seguía guarecido en su área y a falta de cuatro minutos para el 90, Loureiro envió un gran pase al área que Artiles aprovechó para igualar el tanteador. En los minutos finales los de Anquela parecieron recuperar la ambición, pero era tarde y el marcador se mantuvo inamovible.
Un punto que cuando se saboreaban los tres sabe a poco y más si como en este caso quedaban escasos minutos para el final del partido. Y todavía duele más si tenemos en cuenta que el Córdoba parecía a esas alturas de encuentro perdido y sin recursos ni argumentos para ir a por el partido. A estas alturas sumar, y más fuera del Carlos Tartiere, no es un mal resultado, pero haber vuelto con los tres hubiese sido un espaldarazo moral y clasificatorio importante. Hay que seguir trabajando: todo sigue abierto. El objetivo que se persigue es a estas alturas de temporada muy ambicioso y el espíritu y el juego del equipo han de ir en consonancia con esa meta. Jugar con cierta cicatería y conformarse con un marcador mínimo son los pecados que los de Anquela no debería cometer

Herrero. Notable. Cada partido que pasa parece más asentado. Hizo una soberbia parada a tiro de Reyes.

Cotugno. Defendió con solvencia su parcela y se sumo en ocasiones al ataque. Fue sustituido por lesión.

Carlos Hernández. Sólido. Un partido más que correcto del central.

Forlín. Condicionado. En los últimos partidos tarjetas tempraneras condicionan algo su rendimiento que no por ello deja de ser notable.

Christian. Vigilado. Observado por los arbitros y azuzado por los rivales que le buscan. Es el precio por estar marcado en el ojo público. Supo mantenerse al margen.

Mossa. Incombustible. Subió, bajó y luchó todo el partido. El gol y la mejor ocasión azules salieron de dos internadas suyas.

Folch. Ordenado. Cortó como siempre y jugó con criterio. Se le echó de menos estar más en las inmediaciones del área rival.

Rocha. Luchador. Trabajo incansable. Llegó al ataque en algún remate sin suerte.

Fabbrini. Visible. Quiere siempre la pelota y tiene sentido ofensivo del juego. A veces peca de individualismo. Cada vez aporta más.

Berjón. Decisivo. Su aportación, aunque intermitente, es siempre provechosa. Su sociedad con Mossa ofrece el más seguro cauce de peligro de los azules.

Toché. Luchador. Le llegaron pocos balones lo que oscurece su labor. Recibió una tarjeta absolutamente injusta.

Linares. Fallo. Luchó como siempre, pero será recordado por el gol que no pudo marcar tras haber realizado un gran control.

Johannesson. Intrascendente. Entró cuando el Oviedo más se resguardaba cerca de su área y se limitó a cumplir con su cometido defensivo.

Hidi. Sin tiempo.