lunes, 26 de febrero de 2018

Real Oviedo-real Zaragoza. Crónica.

El Oviedo volvió de vacío de su visita a La Romareda, con lo que suma tres jornadas sin vencer. Lo malo de los clímax (léase derby) es que una vez en se alcanzan la única posibilidad es el descenso, el anticlímax. El conjunto de Anquela, aunque sigue siendo reconocible, ha perdido cierta solidez en momentos puntuales de los encuentros.

El equipo en Zaragoza fue reconocible en el primer periodo, durante el cual los oviedistas disputaron el dominio a los locales que tendían a arroparse atrás para salir rápidos a la contra. Anquela devolvió a Rocha a la titularidad, recuperando así el once tipo de la mejor racha de la temporada. El Oviedo presionaba arriba con eficacia, pero con el balón en los pies sus intentonas morían en los tres cuartos sin más trascendencia. No hubo ocasiones nítidas para ninguno de los conjuntos en los primeros 45 minutos. La lucha en el medio del campo, con leve ventaja azul, era la tónica del partido. 

En el segundo tiempo, los locales salieron con mayor determinación y el Oviedo fue cediendo terreno ante los blanquillos, quienes, sin terminar de ser netos dominadores, comenzaron a rondar las inmediaciones de Herrero con mayor insistencia. Los goles -en tres minutos- llegaron ambos por el centro de la zaga en dos jugadas en las que los aragoneses encontraron ciertas facilidades para internarse en el área carbayona. Una cierta permisividad de los zagueros oviedistas en ambos lances tuvieron como resultado los tantos zaragocistas que ponían muy cuesta arriba. El Oviedo, de acuerdo con su catecismo, siguió porfiando hasta el final y fruto de esa lucha fue el tanto de Carlos Hernández casi al tiempo del filo del minuto 90. La expulsión posterior de Berjón agravó el pronóstico de la derrota con su ausencia el próximo viernes en el importante partido ante el filial del Barcelona.

Herrero. Bien. Buenas intervenciones del meta azul que siempre deja, no obstante, sensaciones de cierta duda cuando el balón ronda su zona. 

Johannesson. Regular. Ha bajado sus prestaciones el lateral azul y esto resulta más evidente en los encuentros fuera de casa donde siempre baja un tanto su rendimiento.

Carlos Hernández. Regularidad. Sigue el central a lo suyo: firme en defensa y atinado de cara a la puerta rival.

Forlín. Sintomático. Su influjo en el rendimiento del conjunto es determinante.  No parece en su mejor momento y el equipo lo acusa.

Christian. Superado. En el primer gol maño no pudo con el cuerpeo del delantero zaragocista. Sigue entregando entusiasmo y brío a raudales.

Mossa. Cumplidor. De los mejores en el primer tiempo, buscando sin desmayo por su banda. Bajó su rendimiento en la reanudación. 

Folch. Disminuido. Su complicada semana se reflejó en su juego con menos presencia en el juego.

Rocha. Luchador. Dio todo sobre el terreno de juego, como siempre. Bien en la presión y el robo, tuvo escasa presencia ofensiva.

Aarón. Bullicioso. Buscó la suya y casi la encontró. No ha vuelto a recuperar todavía el nivel exhibido hace algunas jornadas.

Berjón. Robinson. Dejó detalles de su categoría. Todo lo interesante en ataque salió de su juego.

Linares. Esfuerzo. Corrió y buscó, pero no encontró nada.

Toche y Yeboah. Sin calificar.

Fabrinni. Dejó algunos detalles.

Y llegó la racha poco positiva. Se impone la calma para procurar que sea lo más corta posible, pues los rivales siguen sumando. El próximo viernes -filial habemus- puede ser un buen momento para remontar de nuevo el vuelo. Se perderán puntos y partidos por parte de todos: saldrá adelante aquellos que no se permitan depresiones. El equipo, salvo en momentos de la segunda parte de hoy, no presenta síntomas preocupantes por el momento. La solución a esta miniracha es sencilla: volver a sumar de tres.