sábado, 17 de febrero de 2018

REAL OVIEDO-ALBACETE BALOMPIÉ. Crónica.



Primera parte aburrida con ambos equipos aplicándose en la presión, pero con un Albacete que llevaba la voz cantante en el juego y en los acercamientos a la puerta rival. Especialmente por medio de Bela, un incordio constante para la defensa carbayona. En el bando azul, solamente Berjón con sus internadas por banda y el balón parado que permitió un remate en plancha de Christian alto ponían algo de pimienta para los locales. El juego era lento y previsible por parte de los de Anquela, con Folch y Hidi muy parsiomoniosos en sus maniobras y sin arriesgar en exceso en los desplazamientos de pelota. Los centrales azules sufrían con el balón en los pies por la fuerte presión de los manchegos y las pérdidas eran constantes. Johannesson y Mossa lo intentaban pero el Albacete traía la lección aprendida y cerraban ambos carriles con eficacia. Finalmente, Linares se fajaba como siempre, pero completamente aislado del juego colectivo. Todo, como tantas veces este año, quedaba pendiente del segundo acto.

El segundo tiempo comenzó con las mismas premisas: un Albacete dominador y que ponía a prueba a Herrero al poco de empezar el complemento. El juego de los de Anquela no era elaborado y no conseguía poner en excesivos apuros a los de Enrique Martín. El Oviedo poco a poco fue igualando el encuentro, pero sin llegar a convertirse en dominador del mismo. El partido era una pelea sin fin en la que un detalle, un error o un destello de clarividencia inclinarían la balanza. Pero no ocurrió así: nadie falló ni estuvo especialmente atinado. Solamente la entrada de Fabrinni y su juego incisivo animó algo a una grada hoy más alicaída que de costumbre. El empate final refleja claramente lo que fue el partido y premió a un Albacete que realizó un partido muy serio en concentración e  intensidad.

Herrero. Notable. Las veces que tuvo que intervenir lo hizo con acierto. Cuando el balón es aéreo quedan siempre algunas dudas.

Johannesson. Pundonor. Luchó como siempre por su banda y sin desmayo, pero hace unos partidos que le falta un punto.

Carlos Hernández. Sobrio. En la faceta defensiva, solvente y sin problema. Con el balón en los pies pareció carecer de opciones o recursos.

Fortín. Aprobado. Su nivel le dio para salir airoso del partido. No fue su mejor partido, impreciso y algo fallón. Nos tiene mal acostumbrados.

Christian. Bien. Resolvió sus lances defensivos con acierto y fue el más clarividente de los centrales. Además, estuvo cerca del gol en un remate de cabeza.

Mossa. Infructuoso. Luchó arriba y abajo sin desmayo. Estuvo siempre intentándolo, pero el Albacete cerró esa banda con solvencia.

Folch. Trabajador. Partido más oscuro que otras veces. En la presión y en la recuperación como siempre. En la distribución y el pase no fue su mejor encuentro.

Hidi. Detalles. Tras mucho tiempo sin jugar, se fajó en tareas defensivas y dejó algún detalle, muy escaso, de su capacidad de ver el juego. Necesita minutos.

Aarón. Impreciso. Lo buscó, pero no estuvo fino. Falló algunos controles que podían haber sido decisivos.

Berjón. Peligroso. Fue el creador de las aproximaciones más peligrosas de los de Anquela. Estuvo siempre vigilado estrechamente por los defensores manchegos.

Linares. Brega. En un partido sin oportunidades, luchó y buscó sin desmayo.

Toché. Inédito. Aislado y bien controlado por la zaga de Enrique Martín no pudo aportar sus virtudes.

Fabrinni. Animoso. El italiano salió con ganas, pidiendo el balón y buscando revolucionar el partido, pero aún le falta rodaje y se perdió en algún exceso individual. Apunta cosas.

Mariga. Sin tiempo.

El Oviedo empató hoy ante un más que correoso rival que se llevó con justicia un empate del Carlos Tartiere. Los de Anquela no estuvieron a su mejor nivel porque enfrente tuvieron a un conjunto que sabía qué hacer y cómo hacerlo en cada momento. Tras la racha de partidos sin perder y de victorias en casa, el punto puede saber a poco, pero lo importante es sumar y volver a sumar. El equipo ofreció la intensidad habitual, no acompañada esta vez de la inspiración necesaria para doblegar a un férreo rival. En tardes así, con un adversario notable, la puerta a cero y un punto son para valorar.