sábado, 13 de enero de 2018

RAYO VALLECANO-REAL OVIEDO. Crónica. Sin pausa.


El Oviedo comenzó el partido ante el Rayo presionando muy arriba y dominando el juego algo más que su rival. El Rayo se limitaba a esperar alguna contra, arropado en su campo y sin arriesgar en exceso. Los primeros acercamiento fueron oviedistas, aunque no llegasen a la categoría de ocasiones. El partido parecía controlado por los azules hasta que llegó la facilidad habitual en defensa y que el rival, como suele, aprovechó implacable. Folch recuperó un balón en el área, trató de salir jugando pero erró el pase que fue a parar a Embarba, el peor destino posible. El rayista puso un buen centro al área que el Chori Domínguez -sólo- remató sin alardes a gol. Una vez más el oponente se ponía por delante a los azules sin que los méritos previos sirviesen para nada. No obstante, los de Anquela han ido adquiriendo con el paso de las jornadas un peso, un saber estar que les permite afrontar estas situaciones adversas sin perder la perspectiva ni el sentido. El Oviedo siguió fiel a su libreto, aunque ahora el Rayo, animado con el gol, sufría menos. El empate llegó en un córner -minuto 39- que ya hemos visto otras veces esta temporada: saque en corto que termina en un pase al segundo palo desde la frontal donde esperaba Carlos Hernández para rematar al larguero. La jugada parecía terminada, pero Linares, con el instinto de goleador intacto, siguió el balón que parecía perdido y lo cedió atrás para que Christian anotase el merecido empate. La pizarra y la fe otra vez venían en auxilio de los azules. Con este resultado se llegó al descanso.

A los tres minutos de la reanudación, el Oviedo hurgaba de nuevo en la herida abierta de los madrileños: el balón parado. Berjón colocaba una falta en la cabeza de Carlos Hernández quien remataba con acierto y soledad para poner por delante a los asturianos. El partido siguió por los mismos derroteros con un Oviedo quizá levemente superior, pero algo más reservón. En el minuto 71, con la expulsión de Velázquez el horizonte azul parecía más diáfano. Sin embargo, el fútbol impuso su ley de la ilógica. El Oviedo en superioridad numérica retrasaba sus posiciones y se aculaba en el área. El Rayo pasó a dominar el juego por primera vez en el encuentro y se acercaba con cierto peligro al área de Herrero. Los carbayones jugaban con fuego y terminaron pagando su conformismo. Un balón frontal llega a Manucho que se marcha solo a puerta por lo que Carlos Hernández le hace desde el suelo un placaje desesperado al borde del área grande. En el lanzamiento de la falta el árbitro señala penalty por mano de Christian que Trejo transforma en gol engañando al meta oviedista. Era el minuto 81 y aún quedaba partido. En esos minutos el Rayo parecía querer culminar la hombrada y el Oviedo que el árbitro pitase el final cuanto antes. Sin embargo, en una nueva pirueta del dios fútbol fueron los asturianos los que gozaron de la ocasión más clara a través de un derechazo de Rocha desde muy fuera del área que se estrelló cerca de la cruceta de Alberto. Con esta ocasión acabó el partido.

Herrero. Inseguro. No se le vio cómodo al meta en el partido con algunas salidas desafortunadas.

Diegui. Bajo. Tras unos inicios prometedores fue declinando su rendimiento hasta terminar siendo insustancial.

Carlos Hernández. Goleador. Sigue con su racha el central que participó en ambos goles azules. En defensa, sólido.

Forlín. Discreto. Habituados al nivel sobresaliente del argentino en las últimas jornadas hoy no llegó a esa excelencia. Se cargó pronto con una tarjeta y por arriba no tuvo la solidez habitual.

Christian. Pundonor. Lo entrega todo y eso sirve para marcar goles y para arriegar a veces en defensa.

Mossa. Limitado. No progresó tanto como otras veces más pendiente de cubrir su zona que de buscar el área rival.

Folch. Aseado. Cubrió mucho campo como siempre y llevó el balón casi siempre a donde convenía. Falló más en los pases de lo habitual.

Rocha. Corazón. Se movió incesantemente y apoyó al equipo en todo momento tanto para atacar como para defender. Estuvo a punto de marcar otro gol de bandera.

Aarón. Bullicioso. Fue de más a menos, como el equipo. Siempre incisivo, rondó el área rival buscando con ahínco su momento que no terminó de llegar.

Berjón. Calidad. Aunque el terreno de juego no favoreciese su juego dejó detalles impagables. De sus botas siempre sale algo.

Linares. Goleador. Se vació todo el partido, tratando de asociarse y jugar con sentido. El gol del empate se debe en gran parte a su fe inquebrantable.

Varela, Toché y Cotugno. Sin tiempo.

El Oviedo es ya un candidato a todo en esta temporada. Los dos últimos partidos, ante dos rivales que están y estarán arriba, certifican esta afirmación. Los de Anquela han dado una palmada en la mesa y reclaman su papel de favoritos en la competición. Bien es cierto que ambos partidos pudieron haberse perdido, pero no lo es menos que los dos pudieron haberse ganado y que los puntos llegaron al casillero azul tras remontar a dos buenos equipos en su campo. Los azules crecen cada jornada y no ceden ante las adversidades sino que se han acostumbrado a sobreponerse y superarlas. Mejores credenciales no pueden mostrarse para los 20 partidos que restan de campaña. El camino es largo todavía pero los indicios son inmejorables.