domingo, 24 de diciembre de 2017

REAL OVIEDO-CULTURAL LEONESA. Suma y sigue.

El último partido del año en el Tartiere fue una fiesta. El conjunto de Anquela, pleno de confianza y de juego, se impuso a un rival hábil con la pelota y descarado en su propuesta futbolística en un partido vibrante y con ocasiones claras -goles aparte- para ambos bandos. La Cultural, apoyaba por buen número de seguidores, salió a jugar y dominó los primero minutos el balón y la posesión. El Oviedo aguardaba su momento mientras los leoneses jugueteaban con la pelota sin terminar de acercarse a Herrero. Y la oportunidad oviedista llegó en la primera de las de las muchas cabalgadas de Johannesson por la banda. En la pugna del lateral con los defensas el balón suelto llegó a Aarón quien hizo fácil lo complicado: regate eléctrico y balón a la red. A los 10 minutos el Oviedo se veía reafirmado en su catecismo: intensidad, presión y contundencia. La Cultural seguía a lo suyo: buen control del juego y un par de ocasiones por medio de Rodri y Aridai Cabrera. A partir de ese momento y hasta el descanso, los azules tuvieron varias ocasiones para doblar el marcador, especialmente en una cabalgada de Johannesson en solitario hacia la meta leonesa, pero el lateral no pudo doblegar a Jesús en el mano a mano. Los dos equipos encararon el túnel de vestuarios con la convicción de que el partido seguía abierto y de que podían haber dañado más al rival.

La segunda parte se inció con una Cultural en busca de Herrero, a quien inquietaron en algunos momentos, y un Oviedo que cada tanto daba un zarpazo con mucho más colmillo que los leoneses. En el minuto 9, los azules consiguieron premio otra vez. Un clásico del repertorio azul: falta ejecutada por Berjón con un balón medido que Carlos Hernández acertó a convertir en la tranquilidad azul. A pesar de la ventaja azul, el encuentro siguió por los mismos derroteros pues la Cultural no parece disponer de un plan B: dominio y alguna ocasión de los leoneses y mazo azul. Los oviedistas tuvieron varias ocasiones claras para certificar definitivamente el tanteador -Linares, Aarón...-. Finalmente, tras otra excelente maniobra de Linares en el lateral del área, el delantero azul pusó un balón medido y preciso que Cotugno convirtió con un gran cabezazo en el broche de la noche.

Herrero. Confianza. La figura del portero va creciendo partido a partido. Cuando fue exigido respondió con acierto.

Johannesson. Bravura. El canterano derrocha velocidad y energía cada partido y cada vez las acompaña con más inteligencia y sentido.

Carlos Hernández. Bastión. El defensa es un seguro en ambas áreas, excelente en el corte y en el juego aéreo.

Forlín. Imperial. Probablemente con su categoría y solvencia sea la piedra angular en la que se asienta este Oviedo enchufado.

Christian. Asentado. Veloz, centrado y contundente en todas sus acciones. Como su compañero de línea rondó el gol en un par de ocasiones. 

Mossa. Profundo. Incansable y entonado. no sufrió en defensa y puso dos balones de gol que el portero y el palo impidieron que se convirtieran en asistencias.

Folch. Ordenado. Siempre con sentido en posición y posesión. Cubrió mucho campo con inteligencia. El balón siempre le encuentra bien colocado.

Rocha. Entrega. Apoyó a la defensa, la banda y el ataque durante todo el partido en una labor cada vez más visible. A punto de convertir un nuevo rochazo.

Aarón. Progresión. Cada vez se atreve a más cosas y cada vez con más peligro y sentido. Volvía de una lesión y cuajó un gran partido. El palo le negó el doblete. 

Berjón. Calidad. Sigue en su línea de excelencia ofensiva y contribuyó además con un trabajó más que meritorio en defensa. Su aportación provoca un salto de calidad al equipo.

Linares. Sobresaliente. Aunque sin acierto cara al gol, que buscó incansable y que mereció, su aportación crece cada jornada. Culminó jugadas del equipo y en otras ocasiones buscó su oportunidad en solitario por ganas y empuje.

Cotugno. Goleador. Salió para cubrir el lateral y acabó marcando un gran gol.

Varela y Hidi. Sin tiempo, pero con ganas.

Se acerca el meridiano de la liga y el equipo tiene una tendencia irresistible hacia arriba: tercero a un solo punto del ascenso directo. Sin embargo hay que ser prudentes: hace cinco jornadas Oviedo y Cadiz eran undécimo y noveno respectivamente y ahora ocupan puestos de privilegio. La lectura de Anquela es la correcta: partido a partido, compitiendo y sumando lo más posible. Sin embargo los aficionados no podemos sino dejarnos llevar por la euforía y la esperanza. Es nuestra potestad.