lunes, 6 de noviembre de 2017

Real Oviedo-CD Lugo. Crónica.

"El que perdona, lo acaba pagando", reza una antigua máxima que se aplica muchas veces al mundo del fútbol. Este domingo, el CD Lugo invocó dicha ley no escrita del balompié lo que permitió una sufridísima y dificilísima victoria ovedista. Así fue. El equipo gallego llegaba al Tartiere con la vitola de líder y como tal se comportó en la primera mitad. La diferencia entre ambos conjuntos era enojosa. Los lucenses dominaban el juego en todas sus vertientes: triangulaban, se desplegaban con rapidez, encontraban siempre los caminos para dañar a lo locales... En suma, los de Francisco Rodríguez hicieron mucho bien y de acuerdo a su posición en la tabla clasificatoria. ¿Todo bien? No. Lo que les faltó a los gallegos para firmar unos primeros 45 minutos ideales fue la contundencia. Cierto, marcaron uno, pero dejaron sin marcar por el camino al menos otros dos goles que hubiesen cambiado el sino del partido. No lo hicieron así y dieron la oportunidad a su rival, que estaba en la lona y sonado, de seguir en el encuentro.

Tras los ensayos semanales que apuntaban a otro esquema, Anquela optó por repetir el trivote con Mariga, Forlín y Folch. El Lugo, además del gol sacó los colores a los azules durante los primeros 15 minutos de partido, siendo su dominio apabullante. En ese momento el míster azul retrasó a Forlín para jugar con tres centrales y logró al menos que el dominio visitante no fuese tan nítido. El Lugo hizo una primera parte de categoría, con todos sus hombres bien posicionados, ofreciéndose y sabiendo en cada momento qué hacer con la pelota. Enfrente, los oviedistas eran tesón, esfuerzo y poco más. Salvo una arrancada de Aarón que disparó por encima del travesaño, los azules apenas inquietaron al Juan Carlos rojiblanco. La mejor noticia para los carbayones era enfilar el camino de los vestuarios con un solo gol en contra.

En la segunda parte, los ovetenses más centrados ofrecieron ya otra cara incluso antes de que en el minuto 6 se decretase un claro y tonto penalti sobre Aarón que Berjón canjeó espléndidamente por el empate. Tras todo lo sufrido el Oviedo se veía empatado, con toda la segunda parte por delante y con la moral en ascenso. Mientras, las dudas comenzaron a surgir en los lucenses que veían como todo su buen hacer quedaba minimizado en una jugada de desacierto. Así, con el Oviedo y su público empujando, cuatro minutos más tarde, Linares lograba voltear el marcador al cabecear en posición complicada un teledirigido centro de Berjón tras un corner. En la jugada de este segundo gol los jugadores gallegos asistieron al mismo como meros espectadores. El Oviedo era definitivamente otro equipo; salvo, quizá, en la preocupante endeblez defensiva que se manifestaba apenas los de Francisco Rodríguez se acercaban al área local. En el minuto 16 de la reanudación en una jugada que fueron facilitando los azules en sus diversas fases, los lucenses lograban nivelar el marcador con no poca dosis de fortuna y de desacierto carbayón. Pero esto, en contra de lo que podía esperarse, no hizo titubear a los hombres de Anquela que siguieron buscando con juego a ráfagas y un gran corazón la victoria, amparados -ya sí- por su afición. El éxtasis del triunfo llegó con una gran jugada que se inició en Juan Carlos, quien mandó sobre Berjón, quien a un solo toque cedió a Mossa, quien de otro toque y de espaldas asistió a Aarón para que encarara al meta gallego y lo batiera con un gran tiro cruzado. Faltaban 20 minutos para el final del partido, pero el Oviedo, atrincherado atrás y saliendo a la contra, apenas volvió a sufrir y se quedó finalmente con los tres puntos.

Juan Carlos. Bien. En los goles no pudo hacer nada y el resto del trabajo lo resolvió con solvencia. A apuntar su impecable cambio de juego con el que dio inicio a la jugada del tercer gol azul.

Johanesson. Pletórico. Subió la banda numerosas ocasiones, creando siempre inquietud en la zaga lucense. En defensa sufrió algo más.

Carlos Hernández. Cumplidor. Quizá en el primer gol del Lugo pudo hacer algo más, pero luego fue un valladar.

Forlín. De menos a más. Comenzó en el trivote y se le vio inseguro y fallón. Cuando se colocó en el centro de la defensa su rendimiento y su confianza fueron mejorando hasta cuajar un buen partido.

Christian. Sobrio. Cumplió su cometido sin alaracas y dio velocidad al centro de la defensa.

Mossa. Importante. Como el equipo, mejoró mucho sus prestaciones en el segundo periodo hasta acabar siendo de los mejores.

Folch. Oscuro. En principio se incrustaba entre los centrales para sacar el balón jugado, posteriormente con el cambio de esquema se le vio más cómodo en su labor de brega.

Mariga. In crescendo. Tras un primer tiempo desapercibido, dio muestras en la segunda parte de detalles de calidad y de fortaleza física. Terminó siendo un bastión en el mediocampo. Sufrió varias faltas que el colegiado pasó por alto.

Aarón. Determinante. Provocó el penalti y marcó el gol de la victoria. Si termina por centrarse será pieza básica en este equipo.

Berjón. Clase. Todo balón que toca lo mejora y siempre juega con sentido. Jugador diferencial.

Linares. Lucha. Linares dio todo sobre el campo: incordió a los defensas del Lugo, peleó cada balón, buscó su oportunidad y cuando la tuvo la embocó. Merecidísima ovación.

Owusu. Inexperto. Apunta, pero no dispara. Se adivinan condiciones, pero falta calma. Mucho margen de mejora.

Gran victoria con remontada incluida ante un muy buen equipo que llegaba como lider al Tartiere. El conjunto de Anquela, muy golpeado por las lesiones y algo de mala fortuna en algunas jornadas, sigue sobreviviendo a tanta dificultad. Ahora vienen dos partidos fuera de casa, la asignatura pendiente que hay que superar para aspirar a algo grande. La segunda parte de hoy marca, indudablemente, el camino a seguir.