domingo, 19 de noviembre de 2017

Real Valladolid-Real Oviedo. Crónica.

El Oviedo volvió a la senda de la derrota y volvió también a hacer bueno a un rival que no propuso nada especial a lo largo del partido. El encuentro se definió nada más empezar: a los tres minutos. Juan Carlos, en una indecisión, no atrapa un balón aparentemente fácil y que acaba en saque de esquina que, mal defendido, acaba en un remate inapelable desde dentro del área pequeña. Un error individual, agravado por un error colectivo grosero, terminaba dando ventaja a un equipo castellano que se veía en ventaja en el marcador sin haber hecho nada para merecerlo.A partir de ese momento, minuto 3, el Valladolid se atechó en su campo y esperó allí a los azules. El Oviedo no conseguía crear peligro y todo se resumía en lucha, despropósitos y poco juego por lado y lado. La ventaja real y sicológica con este panorama era de los pucelanos que llegaban plácidamente al descanso, sin apenas haber pasado apuros.

La segunda parte los azules parecieron salir con más empuje, pero fue un espejismo. El fútbol del Oviedo era plano, lento, previsible y la defensa blanquivioleta -la segunda más goleada de la categoría- no sufría. El Oviedo dominaba, consentido por los castellanos, pero sin generar nada. En el minuto 77, otro balón parado desde la línea de tres cuartos: pelotazo al área sin ninguna sofisticación y -otra vez en desconcierto azul- aquello acaba convirtiéndose con desesperante facilidad en el segundo tanto vallisoletano. Los de Anquela consiguen que los rivales, con nulo juego y nulo riesgo, se pongan por delante y no sufran apenas para conservar dicha ventaja. El partido parecía sentenciado. Sin embargo, a falta de juego y errores groseros al margen, este equipo tiene coraje. Los azules -todo perdido- se fueron arriba y finalmente crearon algunas ocasiones de verdad. Fruto de ese empuje de corazón llegaba el gol de Linares que daba alguna esperanza a los más de dos mil oviedistas desplazados. Con el Oviedo desarmado y volcado en busca del empate, el Valladolid cerraba definitivamente el partido con un gol de Míchel, no podía faltar la cuña para el corazón oviedista.

Este Oviedo se estropea el solo. Los rivales rara vez son mejores que los azules y los partidos acaban siendo -casi siempre- parejos y muy disputados. Los oviedistas hacen goles con cierta regularidad y ponen empeño y ganas como el que más. Y sin embargo, dos o tres veces por partido la defensiva azul se diluye ofrreciendo tales facilidades que los oponentes no tienen otro remedio que hacer gol. La solución no la conozco, pero me parece que tiene mucho que ver con la confianza, más que con la calidad de los jugadores. Ahí es dónde a mi juicio está el quid de la cuestión. Un problema complicado al que solamente Anquela puede encontrar cura.

Finalmente, viendo todo el ruido que se está formando en torno a Juan Carlos -un buen portero, con sus luces y sus sombras como todos- y al que parece que una parte creciente de la afición azul parece querer achacar en exclusiva muchos de los problemas del equipo, quisiera citar al Cholo Simeone cuando dijo este sábado tras los pitos de su afición -qué injusta es la multitud, por cierto- a Griezmann: "Mientras sea de nuestra familia lo bancamos y Griezmann es de mi familia". Pues eso, Juan Carlos es de nuestra familia. Ni más ni menos.