lunes, 25 de septiembre de 2017

Albacete Balompié-Real Oviedo. Crónica de una derrota conocida.

Pasan los años, las temporadas; vienen y van jugadores, técnicos; se cambia de categoría, pero alguna de las incomprensibles señas de identidad de este equipo no nos abandonan. Los oviedistas hemos aprendido a base de experiencias repetidas que las visitas a conjuntos en dificultades extremas, preferiblemente colistas, con técnicos cuestionados y señalados, con bagajes irrisorios de goles a favor, con penosas rachas de victorias, con exjugadores sobre el campo... son preludio de derrota ineludidble para los nuestros. Precisamente esos partidos que sobre el papel serían propicios para puntuar en base al nerviosismo de los rivales y de sus aficiones, en base a la diferencia de rachas, esos partidos digo, incomprensiblemente y con una precisión casi suiza, se convierten en dolorosas derrotas. La debacle de hoy en Albacete no fue una excepción: un equipo manchego que no ganaba en casa desde los albores de los tiempos, con un solo gol a favor en la competición, con un entrenador a la sombra de un ultimátum, con bajas importantes... Cuando Christian adelantaba a los azules mediada la segunda parte, con un rival enfrente que no creaba ningún peligro y que parecía completamente inane, con unos jugadores albaceteños desquiciados y acelerados y con un público que empezaba a mostrar las uñas a los suyos, parecía imposible que el Oviedo no se colocara como líder provisional de la categoría tras el gol asturiano y que -este año sí- se iba a revertir la historia azul. Pero no fue así: la mística carbayona resurgió y los de Aira en unos minutos fueron capaces, con sus dos únicos tiros a puerta, de voltear el marcador y sumir a los aficionados oviedistas en una amargura nada nueva.

El partido fue malo de solemnidad con un Oviedo que controló algo más el juego durante los 90 minutos, aunque sin demasiadas ocasiones para marcar. Los casi 30º con los que se disputó este encuentro seguramente explican en parte las bajas prestaciones de unos y otros. La primera parte fue una pelea sin historia. En la segunda parte tras el gol de Christian (minuto 25) y en tan solo 9 minutos los manchegos dieron la vuelta al resultado.

Juan Carlos: Sorprendido. Poco trabajo. Dos balones fueron a puerta y los dos entraron. El primero, un golazo implacable. En el segundo, potentísimo disparo, quizá el mallorquín pudo hacer algo más.

Cotugno: Inseguro. Menos contundente que otras veces. Perdió algunos balones comprometidos y aportó poco en ataque.

Verdés. Regular. Sigue en su línea. Se cargó con una tarjeta más por su historial que por lo realmente sucedido.

Carlos Hernández. Cumplidor. Despachó un partido correcto.

Christian. Apagado. A pesar del gol, no tuvo el despliegue de otras ocasiones.

Folch. Intrascendente. No fue su mejor versión la de hoy.

Rocha. Gris. Al mismo nivel flojo de su compañero de línea.

Yeboah. Pinceladas. Apunta cosas, pero no termina de confirmar ninguna.

Aarón Desconocido. Apenas aportó.

Berjón. Detalles. Algunos detalles y poco más.

Toché. Aislado. No le llegaron balones y no pudo mostrar sus cualidades.

Linares. Desacierto. Tuvo la ocasión para el 1-2, pero se topó con la cruceta. Luego, nada.

Mossa. Oscuro. Entró con el empate manchego y no hizo nada destacable.

Owusu. Inexperto. Cayó en las trampas locales para perder tiempo.