domingo, 21 de mayo de 2017

Un Oviedo sin nivel.

El futuro del Real Oviedo, una vez más, está en lo que hagan sus rivales. Otra decepción más, otra vez se vió a un equipo que lo intentaba, por momentos, pero sin acierto. Otra vez se vió un equipo que empeoraba con los cambios, primero quitando a Carlitos y Nando (los mejores ayer), luego metiendo a un limitado y decadente Michu (que hasta la fecha resta más que suma) y, por último, un más que tardío cambio de Linares en sustitución de Jon Erice.

Mientras se fallaban ocasiones muy claras y el Zaragoza lo intentaba a la contra, se veía un impasible Fernando Hierro (quizás pensando en un equipo que viste de amarillo y no, no es el Cádiz que jugaba a esa misma hora). Conocidas son por todos las limitaciones de esta plantilla, desde su elevada media de edad, hasta la dependencia goleadora que el equipo tiene de Toché. No Toché, no party. 

Quedándose con lo positivo se vió a un Carlitos de Peña y a un Nando voluntariosos que no pararon de correr hasta que a Hierro le dió por cambiarlos, también se vió un Johanesson incansable intentándolo una y otra vez por banda y por el medio. Y un, como casi siempre, más que correcto Juan Carlos, salvando la única ocasión del Real Zaragoza.

Robles, Generelo y ahora Hierro. Los tres fracasos deportivos del grupo Carso.