domingo, 13 de noviembre de 2016

SD HUESCA-REAL OVIEDO. Crónica.

La racha de invicto del Oviedo terminó de la única manera posible: con una derrota. Una derrota en esta categoría, sean los rivales que sean los que se enfrenten, no sorprende a casi nadie. Lo complicado de esta en concreto es explicar por qué el Real Oviedo había conseguido maquillar hasta ahora con resultados los enormes déficits que acumula en sus actuaciones. El equipo azul concede, digan lo que digan los números, numerosas oportunidades a sus rivales en cada partido. Bastó que un equipo, en este caso el Huesca, acertase en un porcentaje limitado de sus ocasiones de gol para sacar los colores a los oviedistas con una goleada inapelable. El Oviedo no juega a nada. Defiende por mera acumulación y los jugadores rivales reciben siempre en ventaja, pueden controlar, girarse y elegir con calma la siguiente maniobra. En fase ofensiva, como se dice ahora, el equipo vive de la pericia y la contundencia de los delanteros que disfruta. No existe un patrón de juego estable y se funciona, parece muchas veces, por mera intuición. Cuando se toca la heroica, como la semana pasada ante el Lugo, los jugadores entregan todo: luchan, bregan y empujan hasta el límite de sus posibilidades. Y eso en casa, en un césped como el del Tartiere y con la grada apretando puede funcionar. Pero no se puede jugar siempre así. El juego requiere un plan, una idea. Y el Oviedo, hoy por hoy, parece -digo parece- que careciera de ella.

El partido de hoy fue un cúmulo de despropósitos. Los aragoneses zarandearon a los azules a lo largo de los 90 minutos. Tanto fue así que no se recuerda una sola acción del meta local: ni peligrosa, ni banal. Los cambios introducidos por Hierro en el once inicial no surtieron efecto: Óscar Gil semeja una sombra del jugador que es, la falta de confianza parece atenazarle y no consigue asentarse en ningún momento; por su lado, Erice resulta imprescindible en un equipo como este y con un juego como el que desarrolla el equipo. Su falta resulta decisiva para el conjunto. La brega constante, la fricción, la lucha, el pundonor son las únicas características que aportan positivas por el momentos los carbayones y en ellas el navarro apenas tiene rival. Bien es cierto que hoy durante muchos minutos ni esas características asomaron a El Alcoraz por parte de los de Fernando Hierro.

La situación sigue siendo de privilegio. Pero es lo único. El juego del equipo, si los resultados fallan, resulta decepcionante. Y cuando se defiende, se ataca y se juega tan mal com a día de hoy hace el Real Oviedo los resultados son el único argumento que se puede esgrimir en su defensa. El único.


Twitter: @ricardo9467