domingo, 25 de septiembre de 2016

CÁDIZ CF-REAL OVIEDO. Crónica.

59% Posesión del balón 41%
0 Goles 2
3 Tiros a puerta 4
7 Tiros fuera 8
2 Paradas 3
4 Saques de esquina 4
2 Fueras de juego 1
0 Tarjetas Amarillas 4
1 Tarjetas Rojas 1
8 Faltas 20


En Cádiz, un campo propicio históricamente para los azules, el Real Oviedo abandonó su sequía de victorias en campo ajeno, cuajando un meritorio partido cuando más lo necesitaba. Hierro introdujo varios cambios respecto al equipo que había jugado el pasado jueves ante el Reus: Verdés junto a Gil eran la novedosa dupla de centrales, Peña y Nando ocupaban la banda izquierda con Linares en la derecha y en el centro Erice, Rocha y Torró eran los encargados de llevar la manija azul.

El partido se inició con malos augurios. En los 10 primero minutos el conjunto de Hierro parecía descolocado y era muy impreciso con el balón en los pies lo que propiciaba que el acoso rival fuese continuo: un calco de lo sucedido en Mallorca, Murcia o en la segunda parte de Getafe. Sin embargo, tras esos minutos inciales de desconcierto el esquema propuesto por el cuerpo técnico comenzó a dar sus frutos y equipo se asentó en el terreno de juego y comenzó a dominar todas las facetas del choque. La mejora de los azules se tradujó esta vez en goles. Primero fue Toché quien remachó en un corner un remate de Verdés. Cinco minutos más tarde, el propio Toché entró por la banda, puso un centro raso al área que Linares acertó a convertir en el segundo tanto azul. Veinte minutos de juego y el Oviedo había dado dos zarpazos contundentes a los cadistas. Quedaba por ver si el equipo se desinflaría y se vería zarandeado contra su propia porteria como en ocasiones precedentes fuera del Tartiere. No fue así. El novedoso esquema del míster malagueño funcionaba: un 1-4-1-4-1, con Torró situado por delante de los centrales, Erice y Rocha algo más adelantados y Linares recostado en banda derecha y trabajando lo indecible para tapar esa banda, el verdadero peligro de los andaluces. El Cádiz a partir de ese momento y hasta el descanso no dio sensación alguna de peligro, maniatado por los oviedistas.

La segunda parte siguió por los mismos derroteros que la primera: un Oviedo muy serio y firme que impedía cualquier alegría andaluza y un Cádiz faltó de ideas y de fútbol que jugaba aparentemente sin ningún plan establecido y que no consiguió poner en auténticos apuros la meta de Juan Carlos en ningún momento. La única animación que produjeron los segundos cuarenta y cinco minutos fue la proporcionada por el colegiado grancanario empeñado en sancionar con tarjeta todo contacto en las luchas aéreas. Finalmente, expulsó a Jon Erice -problamente el mejor oviedista hoy- por una acción aparentemente involuntaria con el codo sobre el rostro de un defensor gaditano. Demostrando su mediocridad como arbitro sumó a este primer error de consideración un segundo al expulsar al jugador amarillo Eddy por una entrada a los pocos minutos sobre Torró que no parecía merecer tampoco tal castigo. Pésimo arbitraje y dos expulsados en un partido que el canario se empeñó en complicar con su uso disparatado de las sanciones disciplinarias.

Fernando Hierro acertó hoy con el planteamiento: el equipo no funcionaba y realizó los cambios que consideraba necesarios para conseguir cambiar la dinámica. Y eso consiguió. El equipo funcionó: la defensa se mostró firme en todo momento; el centro del campo ayudaba atrás y conseguía llevar la pelota en buenas condiciones hasta posiciones ofensiva. Arriba, los delanteros azules se desquitaron de algunas jornadas con el punto de mira desenfocado y consiguieron perforar la meta rival a las primeras de cambio, haciendo más fácil el trabajo del grupo. Hubo varios destacados, pero de modo especial brillaron hoy dos jugadores: Linares, trabajando lo indecible en su banda, ayudando a recuperar el balón y llegando arriba con peligro y Erice, cortando, jugando, apoyando a sus compañeros, metiendo grandes pases y dando, como siempre, todo sobre el terreno de juego. Dos ejemplos de jugadores comprometidos, pese a quien pese.

Buena y oportuna victoria de los azules que, además de cortar una pésima racha fuera de casa, sirve también para marcar un cambio de tendencia. El equipo mostró hoy un muy buen aspecto: sólido atrás, sin dejar apenas resquicio a los rivales; abnegado y acertado en el centro del campo y determinante arriba. Una imagen muy solvente la vista hoy sobre el Ramón de Carranza y que puede verse refrendada en los próximos compromisos.


Twitter: @ricardo9467