domingo, 10 de abril de 2016

REAL OVIEDO-CD NUMANCIA DE SORIA. Crónica.



 

Real Oviedo Numancia
54% Posesión 46%
6 Tiros a puerta 3
4 Tiros fuera 2
20 Saques de falta 15
7 Córners 5
0 Fueras de juego 4
3 Paradas del portero 4
15 Faltas 16



Primera parte para olvidar: el equipo local, nervioso e impreciso; el público, frío e impaciente con alguno de los suyos y el Numancia, un equipo nada más que incómodo. Para completar la película un árbitro flojo, flojísimo. Todo ello conformó un medio partido descafeinado en el que ambos equipos tuvieron pocas situaciones claras para adelantarse en el marcador. Koné en un par de ocasiones, palo incluido, y Alegría por el Numancia no acertaron con la puerta. El Oviedo parecía frágil en defensa y en ataque, salvo unas pocas entradas por banda de Hervías y algún centro de Susaeta, los azules fueron poco incisivos y muy previsibles en su juego deslavazado y sin nervio.

La segunda parte fue un calco de la primera. Al Oviedo le quemaba el balón. Algunos jugadores seguramente intimidados por un ambiente poco propicio se limitaban a cumplir sin atreverse a arriesgar. El Numancia, poco ambicioso toda la tarde, se contentaba con defenderse y esperar algún regalo azul –que los hubo- para buscar la victoria. Pero Valcarce no atinó con la portería en un par de ocasiones y en la otra que tuvo Miño le ganó el mano a mano con una gran intervención que sostenía en ese momento al equipo. Y llegó el minuto 72 –la clave del encuentro- cuando Ripa –poco inteligente- veía su segunda tarjeta y dejaba a los sorianos con un jugador menos sobre el campo. Con la superioridad numérica los azules dieron un par de pasos adelante y pusieron cerco a la puerta de Juan Pablo, aunque sin llegar a crear auténtico peligro. En el minuto 83 Míchel asistió con categoría a Toché quien sigue convirtiendo en gol todo lo que toca. El Oviedo se ponía por delante sin más merecimientos que la entrega, cierto conformismo visitante y unas migajas de fortuna. Desde ahí al final llegaron la expulsión de Susaeta -siempre entre los mejores- y algún susto que otro. Pero tras el último silbatazo de un mal colegiado los tres puntos se quedaron en la capital asturiana.

Mal partido el disputado hoy por los azules ante su afición. La victoria no debería de servir para cubrir ni el mal partido de los carbayones ni la pésima actitud de una parte de la afición empeñada –con el equipo situado en tercera posición- en seguir chiflando a ciertos jugadores propios. El ascenso directo está a cinco puntos y parece factible luchar por él vistas las dificultades de todos los equipos para sacar sus partidos adelante. Pero la Liga BBVA será un sueño imposible si no existe una conjura firme entre todos los estamentos del club para avanzar todos juntos en pos del éxito colectivo. Habrá que recordar a todos esos pseudo-oviedistas silbantes del Tartiere el grito de Bilardo en Riazor: “¡¡Los de colorado son los nuestros!!”. Pues eso que los azules eran, son y serán siempre los nuestros.

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