sábado, 5 de marzo de 2016

REAL MALLORCA-REAL OVIEDO. CRÓNICA.


Real Mallorca
Real Oviedo
45% Posesión  55%
1 Goles 0
2 Tiros a puerta 1
3 Tiros fuera 6
5 Total tiros 7
1 Paradas 1
2 Saques de esquina 5
1 Fueras de juego 3
4 Tarjetas Amarillas 2
0 Tarjetas Rojas 1
1 Lesiones 0
12 Faltas 9


Primera parte de bostezo avanzado. El 4-2-3-1 con el que salió Egea al Iberostar Estadi se tradujo en un cúmulo de imprecisiones y de idas y venidas del balón sin mucho sentido. Toché era una isla sin contacto con el resto de compañeros, Míchel veía circular la pelota a lo lejos y el resto del equipo porfiaba. Faltaba tranquilidad, orden y un punto de ambición. Enfrente un Mallorca que mostraba todos los déficits que acumula el conjunto balear esta temporada. Sus salidas de balón eran lentas e inseguras en cuanto los asturianos, casi sin querer, les presionaban ligeramente. El partido era un despropósito continuo entre un equipo, el bermellón, que no podía y otro, el azul, que parecía conformarse con ir dejando pasar los minutos sin pasar apuros pero también sin mayor ambición. Y en esto se sumó a la fiesta el que faltaba: el colegiado gallego quiso tener también su cuota de sinsentido y en un lance corriente de juego de Bautista desenfundó la tarjeta roja. Era el minuto 38 de la primera parte. No hubo más. Entre los dos equipos un solo tiro entre los tres palos en la soporífera primera parte: fue Susaeta desde el medio del campo tratando de sorprender al meta mallorquín. El cúmulo de sinsentidos condujo también a que Míchel fuese el ejecutor de una falta en la frontal que parecía llevar la firma del mediocampista eibarrés.

La segunda parte comenzó con un Mallorca que daba un pasito adelante, más por obligación numérica que por capacidad. Los merodeos de los insulares alrededor del área oviedista condujeron a un centro lateral de Lago Junior que David Fernández convirtió en el primer gol del partido al tratar de ceder un córner. Una vez más la modorra carbayona -45 minutos desperdiciados- ponía al equipo por detrás en el marcador. Tras esto, el Oviedo daba el paso adelante que hubiese debido dar desde el principio y con 10 jugadores emparejó el encuentro ante un conjunto balear sin apenas ningún recurso y que se limitaba a rezar por llegar cuanto antes al pitazo final. Los mejores minutos, aunque tampoco deslumbrantes, llegaron en la inferioridad, pero no fueron suficientes como para igualar el partido ante un Mallorca que se cerraba en su campo y dejaba correr el tiempo. Y así, con sabor a amargura, se terminó la racha de invicto del Real Oviedo.

El partido de hoy dio varias pistas: Míchel no está a gusto en esa posición adelantado de media punta pues es un jugador que necesita participar en el juego y desde más atrás; Vila parece más idóneo para el centro de la defensa que para el doble pivote; Toché, en solitario arriba, pierde muchos de sus atributos y está casi siempre cercano a la inoperancia y finalmente Verdés es un jugador con el que parece se está tras cada lance en riesgo inminente de quedarse con uno menos sobre el campo. Hoy Egea, en contra de su norma habitual, no estuvo fino con los cambios. Especialmente al no hacer modificación en el descanso tras la baja de Bautista. El equipo quedó cojo por la izquierda de la zaga pues Aguirre, se vio enseguida, no cumplia como lateral. Por ahí llegó el gol isleño. Esta vez, extrañamente, faltaron reflejos.

El Oviedo va a seguir en la lucha por los primeros puestos a pesar de este tropezón, pero deberá revisar seriamente su modo de acometer los partidos. Ascender exige ir a estadios como este y ganar, empatar o incluso perder, pero buscando los tres puntos desde el principio. La intensidad no puede aparecer cuando ya se está en desventaja en el marcador. Los de Sergio Egea perdieron hoy un partido en el que cuando eran 11 contra 11 no hicieron nada por ganar y ante un rival que marcó un gol sin haber tirado a puerta ni una sola ocasión. Luego, ya en desventaja numérica y en el tanteador lucharon, pero eso para ser los primeros no basta. No se puede estar a verlas venir si lo que se quiere es estar entre los afortunados a final de temporada. Hoy, ante un rival decrépito y sin ninguna mordiente, los azules dejaron ir tres puntos que parecían de los más asequibles de la temporada. 

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