domingo, 15 de noviembre de 2015

REAL OVIEDO-NÁSTIC DE TARRAGONA, 2-0. CRÓNICA.



 
R. Oviedo
Nástic
53% Posesión 47%
5 Tiros a puerta 3
4 Tiros fuera 3
15 Faltas sufridas 11
0 Tarjetas amarillas 4
3 Saques de esquina 6
1 Fueras de juego 1
2 Paradas del portero 3
10 Faltas 14

Una primera parte equilibrada en la que el Oviedo mostró sus dos caras más reconocibles esta temporada. En principio, como tantas veces este curso, el Nastic salió mejor que los locales y dominó los compases iniciales. Los azules tenían muchas pérdidas de pelota en el centro del campo lo que facilitaba mucho la recuperación y el dominio de los catalanes, quienes merodeaban el área local pero sin llegar a crear ocasiones claras. Poco a poco los de Sergio Egea fueron mejorando merced a un mayor y mejor control del esférico y fruto de ese buen juego de medio campo llegó el primer gol en una jugada muy larga y trabajada: Peña habilitó a Susaeta quien -con la zurda- envió un centro al corazón del área que Koné, rápido y listo para adelantarse a la defensa, transformó con pericia en el primer gol del partido. Tras el tanto, el conjunto tarraconense dio un paso al frente y rondó el empate en dos saques de esquina casi consecutivos mal defendidos por los azules. El Oviedo en estos minutos a pesar de la ventaja en el marcador parecía aturdido cuando el Nástic tenía la pelota. Todo era diferente en cuanto el balón cambiaba de dueño, entonces los carbayones mostraban su mejor cara combinando, controlando y llegando con pasmosa facilidad al balcón del área de Reina. En uno de esos acercamientos, Koné, gran partido el suyo, fue derribado en la frontal. Todo el estadio sabía lo que vendría a continuación: el golpeo de Susaeta. En esta ocasión desde la derecha al palo izquierdo del portero. Gol de bandera de un jugador imprescindible que está a un nivel sobresaliente toda la temporada y al que incomprensiblemente algunos -dónde están ahora- asignaban un papel de secundario esta campaña. En el 39, justo antes del descanso, Esteban compensó con creces sus titubeos anteriores salvando con el pie un mano a mano frente a Palanca. El marcador era un premio a la contundencia azul y un castigo a la falta de eficacia de los catalanes.

El segundo tiempo fue bien controlado en todo momento por los pupilos de Sergio Egea quienes maniataron a un Nástic que por momentos pareció bajar los brazos y al que los cambios de su entrenador hicieron perder toda mordiente al retirar sorprendentemente a los dos hombres que más problemas estaban causando a los azules: Palanca y Emaná. Los segundos 45 minutos se diluyeron con un conjunto visitante que quería, pero que no podía y un equipo local que al contraataque gozó de varias ocasiones para haber cerrado definitivamente el partido, pero el cansancio y la precipitación dejaron sin más premio a los más de 14000 aficionados que se dieron cita en el municipal ovetense. Mención especial merecen en este partido Johannesson, Borja Valle, Koné y Susaeta quienes cuajaron un excelente encuentro. Borja Gómez por su parte devolvió con solvencia la confianza que el míster depositó en él tras el accidente del partido de Soria.

Buen partido en líneas generales de un Real Oviedo que siguió mostrando -sobre todo en la primera parte- dos caras muy diferentes. Por un lado vimos a un equipo que cuando no tiene el balón sufre porque cada jugador trata de ir a robar desesperadamente olvidando que la presión es una labor de conjunto y que presionar no siempre significa ir a recuperar el balón como si fuera el último minuto de partido sino también cerrar huecos, impedir avances, forzar malos pases… Ese exceso de celo –encomiable por otro lado- hace que se pierda la posición con relativa frecuencia facilitando que los rivales con un par de pases sencillos lleguen hasta las inmediaciones de Esteban creando enormes dificultades a la última línea oviedista. En ocasiones, además, se tiende a realizar maniobras complicadas en zonas del campo que demandarían acciones más simples y de seguridad. En cambio, cuando los de Sergio Egea logran el control pleno del balón y logran traspasar la línea del centro del campo son combinativos, rápidos y eficaces logrando acceder a la puerta rival con muchísima facilidad. El Oviedo tiene dinamita arriba y en cuanto encuentre algo más de sosiego en la zona ancha del campo tanto a la hora de contener a los rivales como a la de distribuir el juego será definitivamente el equipo que la afición demanda. Y visto lo visto, cada día ese momento está más cercano.


Twitter: @ricardo9467